INFORMAL. Guardar (o no) las formas. (Ignacio Gil)

La escultora estadounidense Betty Gold fue distinguida como Miss Texas en su juventud, a mediados del pasado siglo. Un tiempo después decide abandonar el mundo del espectáculo para dedicarse por completo al arte de vanguardia. La anécdota de este tránsito entre dos opciones vitales -en apariencia contrapuestas- relacionadas con la categoría de la belleza, le sirve a Fernando Guijar como detonante para entablar un diálogo creativo con Pinapardo, firma integrada por Ana Cubero y María Tamames, en el contexto de conversaciones expositivas que define la presente temporada de la Galería Javier Silva.

La trayectoria artística de Fernando Guijar goza de un carácter multidisciplinar que le conduce a desplegar su lenguaje en toda suerte de soportes y a expandir su universo plástico diluyendo los límites imprecisos existentes entre la práctica del arte contemporáneo y otros ámbitos colindantes como el diseño gráfico.

En Pinapardo ocurre una perspectiva inversa. Desde su condición de diseñadoras observan cómo su producción creativa es presentada con frecuencia bajo la óptica del arte. En la zona de intersección que se suscita entre ambas posiciones es donde Guijar sitúa el diálogo, en este caso alimentado por la complicidad que proporciona la amistad y el estímulo añadido de actuar con dos creadoras de una generación emergente. El primero formula una reflexión que indaga en el orden de la naturaleza para confrontarlo a su propia gramática visual -como resultado de un acto humano de producción-, donde conviven estructuras orgánicas y geométricas. Pinapardo fabrica objetos desde el puro goce de la experiencia estética, otorgando relevancia principal al desarrollo sintético de la forma.

En toda comunicación, junto al contraste, surgen positivas contaminaciones. El artista concibe sus nuevas piezas desde la lógica compositiva del collage, lenguaje que constituye el sello característico de sus interlocutoras. Mientras tanto, el tándem prescinde de su reconocible

repertorio gráfico y establece un doble juego: en su análisis formal, con recortes de material que genera Guijar durante la elaboración de sus obras, y también en una determinada ambigüedad funcional, si acaso la belleza no representase una utilidad en sí misma.

La esencia de la belleza, su producción y su funcionalidad guían, por tanto, una propuesta a dos voces conceptualmente audaz, teniendo en cuenta que enuncia una categoría que pudiera parecer desterrada del escenario del arte actual, donde el protagonismo del discurso se impone sobre su vertiente plástica.

El resultado de esta discusión in formal transmite una cierta pulsión vitalista, incluso lúdica. Una actitud desprejuiciada, una saludable invitación al hedonismoa través de la experimentación artística.

Ignacio Gil

INFORMAL

Guardar (o no) las formas

La escultora estadounidense Betty Gold fue distinguida como Miss Texas en su juventud, a mediados del pasado siglo. Un tiempo después decide abandonar el mundo del espectáculo para dedicarse por completo al arte de vanguardia. La anécdota de este tránsito entre dos opciones vitales -en apariencia contrapuestas- relacionadas con la categoría de la belleza, le sirve a Fernando Guijar como detonante para entablar un diálogo creativo con Pinapardo, firma integrada por Ana Cubero y María Tamames, en el contexto de conversaciones expositivas que define la presente temporada de la Galería Javier Silva.

La trayectoria artística de Fernando Guijar goza de un carácter multidisciplinar que le conduce a desplegar su lenguaje en toda suerte de soportes y a expandir su universo plástico diluyendo los límites imprecisos existentes entre la práctica del arte contemporáneo y otros ámbitos colindantes como el diseño gráfico.

En Pinapardo ocurre una perspectiva inversa. Desde su condición de diseñadoras observan cómo su producción creativa es presentada con frecuencia bajo la óptica del arte. En la zona de intersección que se suscita entre ambas posiciones es donde Guijar sitúa el diálogo, en este caso alimentado por la complicidad que proporciona la amistad y el estímulo añadido de actuar con dos creadoras de una generación emergente. El primero formula una reflexión que indaga en el orden de la naturaleza para confrontarlo a su propia gramática visual -como resultado de un acto humano de producción-, donde conviven estructuras orgánicas y geométricas. Pinapardo fabrica objetos desde el puro goce de la experiencia estética, otorgando relevancia principal al desarrollo sintético de la forma.

En toda comunicación, junto al contraste, surgen positivas contaminaciones. El artista concibe sus nuevas piezas desde la lógica compositiva del collage, lenguaje que constituye el sello característico de sus interlocutoras. Mientras tanto, el tándem prescinde de su reconocible

repertorio gráfico y establece un doble juego: en su análisis formal, con recortes de material que genera Guijar durante la elaboración de sus obras, y también en una determinada ambigüedad funcional, si acaso la belleza no representase una utilidad en sí misma.

La esencia de la belleza, su producción y su funcionalidad guían, por tanto, una propuesta a dos voces conceptualmente audaz, teniendo en cuenta que enuncia una categoría que pudiera parecer desterrada del escenario del arte actual, donde el protagonismo del discurso se impone sobre su vertiente plástica.

El resultado de esta discusión in formal transmite una cierta pulsión vitalista, incluso lúdica. Una actitud desprejuiciada, una saludable invitación al hedonismoa través de la experimentación artística.

Ignacio Gil