La relación del hombre con su entorno natural ha sido fuente de múltiples y constantes interpretaciones en el discurrir histórico de la actividad artística. En ese idualmente en la ciudad desde hace nueve años, toma como referente una naturaleza a la que el mundo actual da la espalda, consciente de que la propia mirada que trazamos sobre ella queda condicionada por los signos de nuestra cultura.

En esa tensión entre lo real y lo ensoñado en la que resuelve su evocación del paisaje, Guijar tiene igualmente presente que el medio ambiente sometido a contemplación también constituye una herencia intervenida, “una entropía entre el hombre y la naturaleza”. No obstante, en su reflexión evita la distancia paseando por bosques de Castilla y León -algunos tan próximos como el Pinar de Antequera– donde capta imágenes con la calidez analógica de una Hasselblad 500C, una experiencia a la que el artista atribuye también el propósito de reconectar con el sustrato de identidad que ofrece el territorio.

Esta serie fotográfica será base para articular su lectura subjetiva desde códigos visuales contemporáneos, desplegada en múltiples soportes. En la explicación de su repertorio iconográfico, Guijar alude a a los planteamientos del alemán Josep Beuys para entender la presencia del animal -otro de los conductores fundamentales de la obra presentada- como elemento de interlocución con una naturaleza hacia “la que el ser humano ha roto todos sus lazos”.

El discurso de la muestra fluye coherente mientras evidencia una suave evolución en su gramática. En el transcurso de esta indagación el lenguaje de Guijar se va depurando, con un empleo más contenido de los recursos del diseño gráfico, al mismo tiempo que en la serie más reciente de la exposición -desde mi óptica personal la más sugerente junto a la pieza del ciervo retroiluminado- la manipulación de la imagen deja asomar sutilmente la textura de la madera que utiliza como soporte, en esos silueteados animales que sugieren otra dualidad, de ausencias y presencias.

Ignacio Gil

EL PAISAJE LATENTE. (Ignacio Gil)

La relación del hombre con su entorno natural ha sido fuente de múltiples y constantes interpretaciones en el discurrir histórico de la actividad artística. En ese idualmente en la ciudad desde hace nueve años, toma como referente una naturaleza a la que el mundo actual da la espalda, consciente de que la propia mirada que trazamos sobre ella queda condicionada por los signos de nuestra cultura.

En esa tensión entre lo real y lo ensoñado en la que resuelve su evocación del paisaje, Guijar tiene igualmente presente que el medio ambiente sometido a contemplación también constituye una herencia intervenida, “una entropía entre el hombre y la naturaleza”. No obstante, en su reflexión evita la distancia paseando por bosques de Castilla y León -algunos tan próximos como el Pinar de Antequera– donde capta imágenes con la calidez analógica de una Hasselblad 500C, una experiencia a la que el artista atribuye también el propósito de reconectar con el sustrato de identidad que ofrece el territorio.

Esta serie fotográfica será base para articular su lectura subjetiva desde códigos visuales contemporáneos, desplegada en múltiples soportes. En la explicación de su repertorio iconográfico, Guijar alude a a los planteamientos del alemán Josep Beuys para entender la presencia del animal -otro de los conductores fundamentales de la obra presentada- como elemento de interlocución con una naturaleza hacia “la que el ser humano ha roto todos sus lazos”.

El discurso de la muestra fluye coherente mientras evidencia una suave evolución en su gramática. En el transcurso de esta indagación el lenguaje de Guijar se va depurando, con un empleo más contenido de los recursos del diseño gráfico, al mismo tiempo que en la serie más reciente de la exposición -desde mi óptica personal la más sugerente junto a la pieza del ciervo retroiluminado- la manipulación de la imagen deja asomar sutilmente la textura de la madera que utiliza como soporte, en esos silueteados animales que sugieren otra dualidad, de ausencias y presencias.

Ignacio Gil